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Coleccionismo

¿Yo, coleccionista de arte?

Normalmente cuando visualizamos una colección de arte nuestra cabeza se va a lo grande y se ubica en enormes colecciones internacionales; desde imaginar a Peggy Guggenheim comprando importantes piezas de arte vanguardista, hasta concebir la colección del Louvre o El Museo del Prado. Sumado a esto, imaginamos que para lograr una buena colección se hace una inversión enorme y que hay, además, que tener bastos conocimientos en historia del arte para saber qué comprar. Todas estas ideas en conjunto se vuelven aterradoras y nos obligan a ubicarnos muy lejos de la posibilidad de coleccionar. Pero les tengo una noticia, a mi forma de ver, no es precisamente así.

Si bien es cierto que hay grandes coleccionistas que históricamente han trazado un camino para la historia del coleccionismo, este no es el único. Hoy es más fácil acercarse al arte que nos gusta y empezarlo a coleccionar. Un ejemplo claro de esto es el coleccionismo de ilustración.

La ilustración como género artístico ha ganado mucho terreno en los últimos años, lo que ha hecho que varios de nosotros nos hayamos vuelto seguidores de artistas y hayamos empezado una colección casi sin darnos cuenta. Cuando nos encontramos frente a piezas que nos gustan técnicamente o conectamos con ilustraciones que reflejan nuestro entorno, algo dentro de nosotros nos impulsa a comprarlo con el afán de sentir ese gusto en todo momento al ver colgada esa pieza en nuestra propia casa. Este impulso, como tuve a bien llamarlo, es el inicio del coleccionismo de arte. Todo empieza por sentir una emoción frente a un dibujo, emocionarse con el uso de los colores o al reconocerse en una viñeta. Las ilustraciones son propuestas frescas y actuales de artistas vivos que tienen aspiraciones o preocupaciones muy similares a las nuestras, por lo que es más fácil sentirse cercano que a aquellas grandes obras de Miguel Ángel o hasta de Picasso.

Apoyándonos en esto, las ferias de ilustración como Gran Salón México, se han posicionado como las propuestas más adecuadas para alimentar este impulso. Por unos cuantos días podemos visitar un espacio expositivo amable con los visitantes y como en el caso de Gran Salón México, podemos hablar con los ilustradores, con la directora de la feria y con otros agentes culturales para profundizar sobre las obras, las inquietudes técnicas o simplemente curiosear sobre el contexto de esa obra que nos hizo latir el corazón. Por otra parte, no olvidemos pensar en nuestro bolsillo y lo que significa invertir en una obra de arte.

Antes ya mencioné que cuando hablamos de coleccionar, nos imaginamos un gran gasto para lograrlo y vale la pena destacar que no sólo no es un gasto sino más bien una inversión, y además tampoco tiene por qué ser enorme. El término inversión se diferencia de gasto porque estamos hablando de usar nuestro dinero con otra intención; cuando invertimos lo hacemos para asegurar que nuestro dinero no pierda valor y, al contrario, para que con el paso del tiempo la pieza que adquirimos nos ayude a tener más capital. Es decir que entonces cuando compramos una obra de arte nuestro dinero no se devalúa como la mayoría de nuestras monedas en Latinoamérica, por el contrario, con el paso del tiempo la pieza suma más valor por su antigüedad y por la importancia que adquiere la trayectoria del artista, haciendo así que el valor monetario invertido se multiplique y sin notarlo tengamos más dinero guardado.

En resumen, les comparto cinco claves para tener en cuenta a la hora de comprar:

  1. Explorar los diferentes tipos de arte y acercarte al que más te guste.
  2. No tener miedo a comprar. El arte es más accesible de lo que creemos.
  3. Una vez que ya te decidiste a comprar una pieza, investiga más sobre el artista; así conocerás su contexto, trayectoria, técnica y, por ende, su propósito.
  4. Pide y guarda el certificado de autenticidad.
  5. No olvides comprar simplemente porque te gusta.

Dentro de estas cinco claves menciono una que no había destacado anteriormente: el certificado de autenticidad. Este papel es fundamental cuando adquieres una obra, porque es lo único que atestigua que tu obra es original y que el valor monetario y cultural es real; este debe estar firmado por el artista o la galería para acreditar su veracidad y valor.

Esto significa que podemos no saber mucho de historia del arte o incluso del artista en cuestión, pero podemos acercarnos de una manera muy fácil a quienes sí conocen del contexto y con esa guía construir nuestra colección de arte.

Los precios de Gran Salón México, por ejemplo, son bastante accesibles para todos los bolsillos. Las piezas pueden ir de un rango de 2,000 hasta 15,000 pesos o más dependiendo del tratamiento de la obra; es decir que entonces no necesitamos ser millonarios y destinar todo nuestro sueldo a invertir en arte; el arte actual es más accesible de lo que creemos.

A lo que quiero llegar es que el coleccionismo de arte está al alcance de todos, más si se trata del coleccionismo de ilustración. Gracias a las lógicas de exposición como las de Gran Salón México, hoy tú y yo podemos acceder a artistas consagrados por su excelente trayectoria como Alejandro Magallanes o Dr. Alderete, adquirir piezas de artistas que están ganando terreno en el circuito artístico como María Cornejo, Radriguez, Amanda Mijangos, mjolkie, entre muchos otros y apostar por propuestas que están recién salidas del horno y tienen todo el potencial.

Coleccionar arte no es tan complicado como parecería, ya no estamos en el siglo XIX donde los estándares eran algo complejos. Hoy basta con acudir a ferias de gran calidad que empiezan la tarea por nosotros y nos muestran excelentes propuestas artísticas que además se acoplan a nuestros bolsillos. Mi último consejo es: asiste a la feria online o presencial y déjate llevar por ese arrebato, porque ese sentimiento entre adrenalina y vértigo de comprar tu primera obra no se olvida jamás.

Fernanda Noriega
gestora cultural